Existen dos tipos de personas en el mundo, las ordenadas y las desordenadas, haciendo un breve examen de consciencia podemos darnos cuenta a que grupo pertenecemos.
En mi caso, desde siempre he pertenecido al grupo de los desordenados, y es lógico que eso me haya acarreado más de un problema a lo largo de mi vida, tomando en cuenta que la coexistencia de estos dos grupos o tipos de personalidad nunca ha sido precisamente armónica.
Debemos considerar que el orden es una condición natural, el ciclo de la vida, los procesos de fabricación, etc. todo debe mantener un orden lógico, sin embargo los seres humanos, bueno al menos algunos de nosotros mantenemos un desorden natural en nuestro modus vivendi.
He empezado por aceptar que soy parte del grupo que vive en el desorden porque todo desordenado que se precie de serlo, sabe que lo es y no lo negará jamás, esto tiene una razón que voy a tratar de explicar desde un punto de vista lo más objetivo posible. Para la gente amante del orden, cada cosa tendrá un lugar especifico y cada objeto será ordenado según la lógica del ordenante, para mantener de esta manera el equilibrio necesario entre sus pertenencias, así podríamos por ejemplo decir que la ropa estará siempre dentro del armario y ordenada según su tipo, color, uso, etc. así el ente ordenado podrá mantener su equilibrio y siempre sabrá donde encontrar exactamente la prenda indicada para cada ocasión sin problema alguno. Para el desordenado las cosas funcionan un tanto diferentes, si bien el orden específico no es una prioridad en su vida, indefectiblemente, el desordenado sabrá o al menos intuirá con una precisión bastante alta donde está lo que necesita en ese momento, al menos en mi caso yo se exactamente que es lo que tengo en mi desorden y donde encontrarlo.
Mi padre es una persona muy ordenada y eso ha hecho que siempre choquemos en ese aspecto y siempre trató de hacerme ver la importancia del orden en la vida y en mi juventud hice caso omiso de esas enseñanzas, no sería si no hasta los 25 años, edad en la que tuve la suerte de toparme con un grupo de gente que logró convencerme y prácticamente enamorarme de una organización que posteriormente marcaría mi vida (la organización y el como llegué a ella serán objeto de otra entrega) que decidí considerar un cambio en mis hábitos.
A esa edad uno piensa que ya los hábitos, buenos o malos se los llevará hasta la tumba, y es que pecamos de tercos y cómodos, y lo último en lo que pensamos es en cambiar. Bueno a veces la vida te pone en frente situaciones que hacen que consideres un cambio, y fue lo que me sucedió ya que de inicio, siendo el desordenado que soy, acepté ser el secretario de la organización, puesto que requiere de un cierto nivel de orden para evitar el fracaso.
Haber aceptado un cargo que nunca había desempeñado, sumado a la responsabilidad que esto ponía sobre mis hombros y el compromiso que estaba asumiendo hizo que tuviera que revisar mis hábitos y poner toda mi fuerza de voluntad para intentar cambiarlos, fue ahí cuando me di cuenta de una de las grandes verdades universales.
No bastó con tomar nota de todo lo que ocurría en las asambleas, tampoco con tratar de tener las actas al día e intentar cumplir con las tareas encomendadas casi al pie de la letra, siempre había algo que faltaba, así es que me senté y lo consideré, había que cambiar algo más y entonces lo entendí. Hoy en día tal como lo hice a los 25 años, de tiempo en tiempo tomo mi pequeño desorden, ya que nunca dejé de ser del todo desordenado, y lo ordeno todo, la frase "ordenar la casa" toma un sentido especial cuando tomas todo lo que está fuera de su lugar y lo ordenas.
Siendo una persona que nunca le dio importancia al orden constante de las cosas, me dí cuenta de que de cuando en cuando debo tomar todo lo que está fuera de su lugar y ordenarlo, para de esta manera, simbólicamente empezar de cero, es decir, trato de deshacerme de las cosas que ya no me sirven y hago que este nuevo orden sea un nuevo comienzo libre de la acumulación de cosas inservibles, y es que el desorden tiene ese efecto de no dejarte ver que se han acumulado cosas que ya no sirven y deben ser desechadas.
Esto ahora lo aplico para todo, tanto para el desorden físico, el de mis pertenencias, como para el desorden espiritual, el de mis ideas, considero que es importante empezar por "limpiar la casa" para poder pensar en cualquier cambio, a mi al menos me ha funcionado, por lo que les invito a probar, limpiemos nuestro desorden físico y espiritual, propongamos un nuevo comienzo deshaciéndonos de las cosas que ya no nos son útiles y las conservamos solo por conservarlas, deshagámonos de los viejos rencores y los resentimientos que nos hacen cargar pesos extras que ya no necesitamos, limpiemos la casa y comencemos de cero......y hagámoslo cada vez que sintamos que necesitamos un nuevo aire.
lunes, 28 de febrero de 2011
lunes, 21 de febrero de 2011
Mi romance con la música y la perseverancia
Los recuerdos suelen venir ligados a sonidos, imágenes, olores, en fin nuestra memoria reacciona ante esos estímulos y los relaciona con un recuerdo. En mi caso muchos de esos recuerdos vienen ligados a canciones, la música siempre ha sido algo que me ha atraído de una manera especial, más que cualquier otro arte o deporte, sin embargo, y aunque algunas de las personas cuando me conocen no suelen creerme, fue apenas entre los 16 y los 17 años que empecé, por voluntad propia, a involucrarme con la música como algo más que un melómano.
Estoy casi seguro que todo adolescente pasó por la etapa en la que todo su grupo de amigos se enfocaba en una actividad específica y le dedicaba gran parte de su tiempo, de hecho en esta etapa es cuando probamos con varias actividades, algunas nos gustan otras no, para algunas somos aptos para otras no tanto.
Recuerdo haber pasado por la etapa de exploración de las quebradas aledañas al barrio, el equipo de fútbol del barrio, los coches de madera, etc. Hasta que un buen día llegaría la etapa en la que todos los amigos del barrio tenían un cancionero bajo el brazo y estaban aprendiendo a poner los acordes en una guitarra, cabe destacar que el objetivo principal en ese tiempo era impresionar a las chicas en las fogatas y a los amigos en los famosos "chupes" de juventud. Si bien la música es algo que ha estado arraigado en mi familia ya que mi abuelo y mi tío abuelo fueron músicos reconocidos, mi padre fue músico profesional por mucho tiempo y de hecho hasta ahora sigue haciendo música como hobby, este pasado musical en lugar de hacer que este arte sea promovido en casa hacía que más bien sea evitado, es decir mis hermanos y yo no debíamos bajo ninguna circunstancia seguir los pasos de nuestros antecesores (idea que es lógica si se toma en cuenta que mi tío abuelo murió de cirrosis hepática a causa del alcohol).
Pese a este intento de evitar que alguno de nosotros se convirtiera en músico, esto ya estaba en mi sangre, al punto de que uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia es mi ilusión por cantar, misma que quedó frustrada hasta los 17 años luego de que mi padre me dijera que era desafinado. Bueno en realidad mi padre no estaba tan equivocado ya que si era desafinado, es decir no había desarrollado el oído musical, si bien siempre me fue bien en la parte de memorizar las letras de las canciones, entonarlas era otro cuento.
Con este antecedente y con una atracción creciente hacía la música decidí un día sentarme con uno de los cancioneros que tomé prestado de mi hermano, ya que a él y al resto del grupo de amigos ya se le había pasado la fiebre de la guitarra, y empecé a tocar. El encabezado habla de perseverancia y es lo que quiero rescatar de esta primera historia, recuerdo haber llegado a ensayar hasta 10 horas diarias, en fines de semana y vacaciones, y esta especie de obsesión creciente hizo que un buen día pudiera tocar la guitarra mientras cantaba al mismo tiempo, así mismo recuerdo que mi padre lo escuchó y me dijo que al fin había afinado mi oído y por ende mi forma de cantar. Han pasado ya 20 años desde que decidí hacer a la música parte de mi vida, y digo decidí ya que todo en la vida es cosa de decisiones y no de casualidades, y así mismo la música ha ido ganando cada vez un espacio más grande en mi vida, le he puesto casi literalmente sangre, sudor y lágrimas y he llegado a tener un nivel aceptable, considerando que no tengo una educación musical formal.
Me siento lleno cada vez que alguien escucha una canción que compuse y me dice que le gustó, me siento lleno cada vez que interpreto una canción y alguien me felicita por que le agradó lo que escuchó, pero más aún me siento satisfecho de haber tomado una decisión que cambió mi vida, me siento gratificado por saber que todas esas horas de práctica no fueron en vano. Soy un convencido, y lo he dicho muchas veces, de que todos los seres humanos somos capaces de hacer lo que nos propongamos, solamente debemos ponerle las ganas suficientes y ser tenaces, tener una actitud positiva enfocada hacia nuestro objetivo, saber que en el fondo nadie nació, como se suele escuchar comúnmente "negado" para alguna actividad, que somos capaces de cualquier cosa, que las barreras nos las ponemos nosotros y nosotros las podemos derribar, se los dice un niño desentonado que terminó siendo el vocalista principal de una banda de rock, a fuerza de perseverancia y amor a la música, este es solo un ejemplo entre miles, sin embrago espero que sea un granito de arena para desbloquear ciertos traumas que llevamos dentro y alentar a las generaciones futuras a seguir sus sueños por más locos que parezcan y aunque parezca que lo tienen todo en contra. Me despido por hoy dejándoles de deber el recordar que es lo que nunca hicieron por que se consideraron malos para ello y reflexionar en el hecho de que tal vez si le hubieran puesto empeño lo hubieran logrado, para algunas cosas ya será tarde para otras tal vez no, arriesgemonos y perseveremos hasta alcanzar nuestros sueños ya que somos capaces de cualquier cosa.....si nos lo proponemos.
Recuerdo haber pasado por la etapa de exploración de las quebradas aledañas al barrio, el equipo de fútbol del barrio, los coches de madera, etc. Hasta que un buen día llegaría la etapa en la que todos los amigos del barrio tenían un cancionero bajo el brazo y estaban aprendiendo a poner los acordes en una guitarra, cabe destacar que el objetivo principal en ese tiempo era impresionar a las chicas en las fogatas y a los amigos en los famosos "chupes" de juventud. Si bien la música es algo que ha estado arraigado en mi familia ya que mi abuelo y mi tío abuelo fueron músicos reconocidos, mi padre fue músico profesional por mucho tiempo y de hecho hasta ahora sigue haciendo música como hobby, este pasado musical en lugar de hacer que este arte sea promovido en casa hacía que más bien sea evitado, es decir mis hermanos y yo no debíamos bajo ninguna circunstancia seguir los pasos de nuestros antecesores (idea que es lógica si se toma en cuenta que mi tío abuelo murió de cirrosis hepática a causa del alcohol).
Pese a este intento de evitar que alguno de nosotros se convirtiera en músico, esto ya estaba en mi sangre, al punto de que uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia es mi ilusión por cantar, misma que quedó frustrada hasta los 17 años luego de que mi padre me dijera que era desafinado. Bueno en realidad mi padre no estaba tan equivocado ya que si era desafinado, es decir no había desarrollado el oído musical, si bien siempre me fue bien en la parte de memorizar las letras de las canciones, entonarlas era otro cuento.
Con este antecedente y con una atracción creciente hacía la música decidí un día sentarme con uno de los cancioneros que tomé prestado de mi hermano, ya que a él y al resto del grupo de amigos ya se le había pasado la fiebre de la guitarra, y empecé a tocar. El encabezado habla de perseverancia y es lo que quiero rescatar de esta primera historia, recuerdo haber llegado a ensayar hasta 10 horas diarias, en fines de semana y vacaciones, y esta especie de obsesión creciente hizo que un buen día pudiera tocar la guitarra mientras cantaba al mismo tiempo, así mismo recuerdo que mi padre lo escuchó y me dijo que al fin había afinado mi oído y por ende mi forma de cantar. Han pasado ya 20 años desde que decidí hacer a la música parte de mi vida, y digo decidí ya que todo en la vida es cosa de decisiones y no de casualidades, y así mismo la música ha ido ganando cada vez un espacio más grande en mi vida, le he puesto casi literalmente sangre, sudor y lágrimas y he llegado a tener un nivel aceptable, considerando que no tengo una educación musical formal.
Me siento lleno cada vez que alguien escucha una canción que compuse y me dice que le gustó, me siento lleno cada vez que interpreto una canción y alguien me felicita por que le agradó lo que escuchó, pero más aún me siento satisfecho de haber tomado una decisión que cambió mi vida, me siento gratificado por saber que todas esas horas de práctica no fueron en vano. Soy un convencido, y lo he dicho muchas veces, de que todos los seres humanos somos capaces de hacer lo que nos propongamos, solamente debemos ponerle las ganas suficientes y ser tenaces, tener una actitud positiva enfocada hacia nuestro objetivo, saber que en el fondo nadie nació, como se suele escuchar comúnmente "negado" para alguna actividad, que somos capaces de cualquier cosa, que las barreras nos las ponemos nosotros y nosotros las podemos derribar, se los dice un niño desentonado que terminó siendo el vocalista principal de una banda de rock, a fuerza de perseverancia y amor a la música, este es solo un ejemplo entre miles, sin embrago espero que sea un granito de arena para desbloquear ciertos traumas que llevamos dentro y alentar a las generaciones futuras a seguir sus sueños por más locos que parezcan y aunque parezca que lo tienen todo en contra. Me despido por hoy dejándoles de deber el recordar que es lo que nunca hicieron por que se consideraron malos para ello y reflexionar en el hecho de que tal vez si le hubieran puesto empeño lo hubieran logrado, para algunas cosas ya será tarde para otras tal vez no, arriesgemonos y perseveremos hasta alcanzar nuestros sueños ya que somos capaces de cualquier cosa.....si nos lo proponemos.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Y al fin me decidí a tener un blog....
Hace algún tiempo había empezado a considerar la posibilidad de iniciar un blog y compartir en la red alguna cosa, si tal como está escrito, alguna cosa. No tenía una idea concreta, sin embrago la idea de iniciar un blog me había rondado por la cabeza durante más de un año, se lo había comentado a mi gran amigo y casi hermano Alex Jaramillo, quien publica sus muy interesantes Apuntes cotidianos que en parte inspiraron la creación de este espacio, ya el me había dicho que sería bastante interesante que lo hiciera, claro teniendo una idea concreta. Animado por la posibilidad de compartir con el mundo exterior algo de mi mundo interior, y de esta manera tratar de entenderme mejor y a la vez dejar algo para reflexionar a un eventual lector de este blog, he decidido hacerle caso al Jaramillo e iniciar hoy este espacio que tiene el objetivo de compartir cada cierto tiempo experiencias de vida, y mostrar o tratar al menos de explicar de alguna forma como estas han afectado de una u otra manera mi existencia.
Creo firmemente que toda acción tiene una reacción, si la física lo dice yo no soy quien para discutirla, por ende trataré de buscar dentro de ciertas experiencias la acción y la reacción, o al menos la reacción aparente. No estoy seguro de lograrlo, pero al menos intentaré buscar lo que se podría llamar una moraleja en algunas de mis experiencias pasadas, y es que considero que algo debemos aprender después de haber hecho (al menos en mi caso) como suele decir mi papá, tanta trastada.
Quedan todos invitados a compartir conmigo algo de mi pasado, mi presente y quien sabe, tal vez de mi futuro, posiblemente aprendamos algo de estos relatos, en todo caso puedo asegurar con conocimiento de causa de lo que he vivido, que nos divertiremos, tanto yo escribiendo como ustedes leyendo las aventuras, desventuras, recuerdos y sueños que de hoy en adelante compartiré en este blog.
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